Cultivar la inteligencia emocional de los niños

Los padres a menudo son indefensos frente a las emociones de sus hijos. Sus propias emociones, fatiga o falta de tiempo los agobian ...

I. F. : Es precisamente porque los padres, en su mayoría, no han podido beneficiarse de un buen acompañamiento emocional que las emociones de sus hijos activan sus propios circuitos de estrés. Se basan en su historia, reviven secuencias y se dejan abrumar por lo que sienten. Usarán la restricción para calmar al niño o le permitirán luchar solo con sus emociones. Hay herramientas1 para permitirles acomodar mejor las suyas. Estas no son recetas, sino recursos. La meditación, por ejemplo, nos enseña a usar el área frontal del cerebro para controlar nuestras reacciones mediante la comprensión en lugar del control. Las técnicas de respiración previenen el desbordamiento emocional. La nutrición también juega un papel importante, ya que sabemos que ciertos alimentos como el azúcar, el pan o la leche, al aumentar los niveles de azúcar en la sangre, aumentan nuestra reactividad al estrés. A menudo les doy este sencillo consejo a los padres: cuando sientas que la ira aumenta, toma un trago de agua. En primer lugar, el cambio de actividad reduce la presión; y luego porque beber (con paja es aún más efectivo) hidrata las células del cerebro y el movimiento de los labios produce un efecto calmante.

¿Puede explicarnos concretamente cómo acoger la ira del niño, su tristeza o su miedo?

I. F. : la ira es una reacción a la frustración o la expresión de un sentimiento de injusticia. El niño necesita ver que se reconozca este enojo, por lo que el padre ayudará a poner palabras sobre lo que lo causó, sin minimizarlo o juzgarlo. Por ejemplo: mientras él había dejado de hablar en clase, fue castigado, de ahí su sentido de injusticia. Lo tomaremos en sus brazos al expresar empatía: "Es verdad que no es gracioso". Esto le permite sentir su emoción en lugar de sentirse abrumado por ella. Lo mismo para la tristeza. Lo recibimos y lo acompañamos. En lugar de preguntarle a su hijo "¿Qué te hace sentir triste?", Es mejor preguntarle "¿Qué te pone triste?" Puede nombrar directamente la causa de su tristeza y escucha al mismo tiempo que su padre está listo para recibir su emoción y ayudarlo. Actuaremos de la misma manera por miedo: "¿Qué te asusta más?" Entonces: "¿Qué te dices a ti mismo en tu cabeza, qué sientes en tu corazón?"El objetivo no es proporcionar explicaciones tranquilizadoras, que le impidan encontrar recursos en él, sino acompañarlo en el camino de su reflexión, sus preguntas y sus soluciones, para que él desarrolla su poder personal, lo cual es imposible si uno calma su emoción asfixiándolo con una avalancha de palabras supuestamente tranquilizadoras, o si se queda solo con eso. Los niños pequeños no saben cómo decir lo que viven con las palabras, lo expresan a través de comportamientos, por lo que le corresponde a los padres ver qué hay detrás de él.

¿Qué beneficios obtiene el niño de este apoyo emocional?

SI : Son considerables. El hecho de ser comprendido y acompañado aumenta y fortalece su sentimiento de seguridad interior. El padre ya no es su único protector, es él quien acoge su emoción y le ayuda a ponerle palabras, el que le permite despegar para sentir y comprender. A partir de ahí, el niño puede decir "yo" y tomar decisiones por él. Como han demostrado los investigadores en neurociencia, las emociones recibidas y acompañadas en los niños crean redes neuronales en el cerebro que les permitirán, una vez que crezcan, vivir bien con ellas, sin sentirse abrumados. Y cuando él es uno de los padres, para dar la bienvenida y acompañar a los de su hijo.

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